
Sonríen y se asoman a tu vida, te la cambian, te la desvían por un camino distinto del que creías, inocentemente, haber planeado.
Sus ojos te deslumbran cada mañana y sus gritos suenan, insistentes, en tus oídos…La música que escuchabas en silencio es ahora un fondo lejano porque ellos están ahí, reclamando su sitio, trepando por tus piernas y tu espalda.
El libro que leías cada noche se queda a vivir en la mesita de noche, pero nada importa más que ellos, todo gira en torno a esos pasos nerviosos que requieren nuestra presencia. Su urgencia es ya nuestra urgencia y un torbellino de cambios nos empuja a correr tras ellos, a saltar con ellos, a jugar con ellos…Reímos si ellos ríen, lloramos si lloran y queremos que tengan lo que no tuvimos y que sean mejores que fuimos…
Vano sueño inocente, una vez más, porque serán ELLOS, y no un proyecto en nuestro futuro, serán ELLOS y nos sorprenderán durante el resto de nuestras vidas, aquellas vidas que cambiaron, aquellas que tan deliciosamente desviaron y por las que no dejamos de dar gracias.
Mary Carmen Ruiz