
Fue entonces cuando comprendí que la primavera se hacía cómplice de la luz del amanecer y las gotas de cera derramada brillaban en el suelo como pequeños rayos de luz, iluminando el acompasado ritmo de los costaleros bajo el paso, bajo el peso….El sonido de sus pies quería confundirse con el susurrar de los pabilos ardiendo lentamente, y mientras tiemblan los varales y golpea un llamador, una madre sufre y llora ausencias y pesares y un niño, tal vez bosteza, vencido por un sueño insuficiente…. El amanecer, la “madrugá” quizá, confunde sus colores con un pueblo que camina y reza.
Mary Carmen Ruiz